En el marco de una sociedad cada vez más compleja y exigente, sometida a los cambios vertiginosos de la cuarta revolución industrial, los cambios que experimentamos traen consigo nuevas condiciones que impactan sobre nuestro presente y futuro, creando con ello nuevas necesidades y deseos para usuarios y consumidores; razón por la cual, la tarea de identificar oportunidades de negocio, en estas nuevas realidades, resulta clave para emprender con éxito.

El emprendimiento es un término acuñado desde hace siglos para describir el incipiente proceso de instalación de un negocio. Hoy, según Peter Drucker, un emprendedor es quien aporta un valor diferencial al mercado cuando logra ser disruptivo, a través de una oferta innovadora, generando cambios relevantes en patrones, costumbres, esquemas y modelos de negocio, con un impacto transformador en la vida de la gente.

Hoy, el movimiento emprendedor representa a un colectivo que, sumergido en la investigación, diseño y creación de nuevas ofertas de valor, moldean nuestras vidas, mientras nos acercan a nuevas formas de hacer las cosas, de consumir o simplemente disfrutar, logrando así, satisfacer deseos y necesidades, algunas incluso que ni siquiera sabíamos que teníamos.

Todo empresario fue, en algún momento, un emprendedor. Muchas de las grandes empresas consolidadas hoy, fueron en su momento el esfuerzo de una persona, o un equipo, que creyó fervientemente que, a través de su trabajo y propuesta de valor, podían hacer una diferencia en el mercado. De hecho, hoy por hoy muchas organizaciones buscan que ese mismo espíritu emprendedor viva dentro de la empresa como parte de una cultura que propicie la renovación constante, innovación y cambio, al compás de este mundo cambiante.

Todo emprendedor es, en el fondo, un buen observador, capaz de analizar la realidad que le rodea desde una perspectiva diferente a la habitual, lo que le permite identificar oportunidades para satisfacer esas crecientes necesidades y deseos de la sociedad a través de una oferta innovadora y disruptiva. Pero no basta con ello; poner a andar un emprendimiento y transformarlo en empresa, requerirá de mucho más para hacerlo viable. Será necesario crear puentes, comunicar, cooperar, generar relaciones, levantar capital, estructurar y liderar un equipo de trabajo excepcional, asegurar un plan de negocios consistente, mantener una clara visión, y sobre todo perseverar, perseverar y perseverar.

Así también, todo emprendedor deberá considerar que para hacer sostenible su iniciativa, deberá estar atento a los crecientes riesgos del entorno de negocios, ocupado de diseñar  una adecuada estructura de gestión, mientras construye una identidad y cultura fundamentada en una clara filosofía de gestión que le de piso a la comunicación de su emprendimiento, y sobre todo, deberá procurar alinearse a las expectativas de comportamiento e involucramiento que la sociedad pueda tener sobre su negocio,  consciente así de sus impactos.

Emprender requiere valentía, determinación y sacrificio; apostarse a si mismo y a una idea que conecte con esa oportunidad adecuadamente analizada. Dar el primer paso implica saber que la línea no será recta, y la flexibilidad y capacidad de recalibrar la estrategia en el tiempo, ajustándola a las nuevas realidades por enfrentar, será parte del éxito que todo emprendedor desea y busca, en beneficio propio, y de aquéllos en quien busca impactar positivamente.